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Ser «colega» del alumnado: ¿Suicidio o estrategia?

Seguro que lo has oído en la sala de profesores, entre café aguado y quejas sobre papeleo:

«No te acerques mucho a ellos, si le das la mano te cogen el brazo»

Existe esta idea rancia de que el docente debe ser una especie de busto de mármol, imperturbable y distante, para mantener el orden. Pero, bajemos a la tierra. Los alumnos son seres humanos (sorpresa, ¿eh?). Y los seres humanos funcionamos por incentivos (refuerzo positivo) y por vínculos. Si quieres reducir los conflictos en clase, la ciencia del comportamiento nos dice algo muy claro: la proximidad no es tu enemiga, es tu mejor herramienta de gestión.

1. No es «hacerse el guay», es crear Rapport o vínculo

Cuando hablamos de «hacerse amigo», no me refiero a irte de botellón con ellos o contarles tus dramas amorosos los sábados por la noche. Me refiero al vínculo. En psicología lo llamamos rapport. Si un alumno siente que le importas un bledo, ¿qué motivación tiene para seguir tus normas? Ninguna. El conflicto suele ser una forma de comunicación (torpe, sí, pero comunicación al fin y al cabo). Cuando te acercas, te interesas por sus gustos y los tratas como personas valiosas, estás construyendo un colchón de confianza. Y es mucho más difícil faltarle al respeto a alguien a quien aprecias que a un sargento de hierro que solo suelta órdenes.

2. La proximidad física y emocional (sin dar vergüenza ajena)

La gestión del aula no se hace desde el púlpito (la mesa del profesor). Se hace caminando entre las mesas.

  • La proximidad física reduce la probabilidad de conducta disruptiva por pura economía de la atención.
  • La proximidad emocional es saber que a Javi le gusta el anime o que Lucía juega al balonmano.

Ese pequeño «vínculo de amistad» (entiéndase: afecto profesional) hace que, cuando tengas que llamarles la atención, el mensaje no llegue como un ataque, sino como una corrección dentro de una relación positiva. Es la diferencia entre que te multe un radar o que un amigo te diga «oye, frena, que te vas a matar».

3. El refuerzo social: el superpoder que ignoras

Si solo hablas con tus alumnos para echarles la bronca, eres un estímulo aversivo. Así de simple. La gente huye o se defiende de los estímulos aversivos.Si te conviertes en alguien cercano, tu aprobación se vuelve valiosa. Un «muy bien hecho» de un profesor al que respetan y sienten cercano vale más que diez notas de amonestación. Reducir los conflictos empieza por aumentar las interacciones positivas. Menos látigo y más refuerzo.

4. ¿Y la autoridad?

Aquí es donde los escépticos se echan las manos a la cabeza: «¡Pero perderás la autoridad!». Error. La autoridad impuesta por el miedo es frágil y caduca en cuanto te das la vuelta. La autoridad basada en el respeto mutuo y la cercanía es resiliente. Puedes ser cercano, bromear y saber qué música escuchan, y a la vez marcar límites claros. De hecho, es mucho más fácil poner un límite cuando el alumno sabe que no es algo personal, sino parte de las reglas de un juego en el que ambos estáis en el mismo equipo.

En resumen: No seas un mueble

Si quieres una clase donde los conflictos no estallen cada cinco minutos, deja de ser un dispensador automático de contenidos y empieza a ser una persona. Escucha más, baja del estrado y no tengas miedo a que te vean como alguien cercano. La evidencia es terca: aprendemos de quienes nos caen bien. Así que, por el bien de tu salud mental y de su aprendizaje, hazte «amigo» de tus alumnos. Te prometo que el mundo no se va a acabar.

Y tú, ¿sigues creyendo que la distancia es seguridad, o te atreves a romper el cliché?